Las claves para un genuino fortalecimiento institucional

El presente ensayo es un extracto del libro La Reconstrucción Argentina. De cara al Bicentenario, del mismo autor. La amplitud y actualidad del tema obligaron y determinaron su segmentación en tres capítulos, que Ante todo, y a modo de punto de partida, es conveniente remarcar una serie de particularidades que presenta esta disciplina, que nos ayudarán a definir su universo y problemática.

El Fortalecimiento Institucional (FI) es todavía una ciencia joven, en etapa de formación y evolución. Su estudio e investigación, dentro los claustros académicos apenas alcanza la década de existencia. Así lo prueba la escasa y difusa literatura editada sobre la materia.

La historia del FI es de fracasos y frustraciones. De ello dan acabada prueba los casi nulos e inexistentes casos de éxito que la respaldan. Todos colaboran –o dicen colaborar– con el FI y muy pocos lo logran. Generar FI es una empresa de alta complejidad, como consecuencia directa de la multiplicidad de dimensiones que involucra y el carácter a veces abstracto de muchas de sus aristas.

El FI es una disciplina estratégica, involucra y compromete los pilares de la sociedad. Cada comunidad debe asumir la tarea de identificar y fortalecer sus instituciones básicas y neurálgicas para asegurar su subsistencia pacífica.

Fortalecer las instituciones es el gran desafío del nuevo milenio. Hoy ya no se discute que el desarrollo de las naciones está incuestionablemente ligado al perfeccionamiento de sus instituciones.

Algunas precisiones conceptuales

Escribir sobre FI nos impone hablar previamente de las instituciones. Sabido es que el término posee múltiples acepciones (en tanto norma, organización, regla, patrón de conducta, valores, etc.), e incluso, mayores aplicaciones (hablamos de instituciones educativas, republicanas, sociales, comerciales, jurídicas, etc.). Muchas ciencias demandan para sí la pertenencia del vocablo (caso de la sociología, el derecho, la economía, la política, entre otras).

Definimos a las instituciones como el “conjunto de estructuras y actividades cognitivas (creencias y estructuras de significado), normativas (obligaciones y valores) y regulativas que proporcionan estabilidad y significado al comportamiento social” (Richard W. Scott “Instituciones y Organizaciones” – 1.995:33).

Aclaramos que estos tres pilares están presentes en cualquiera de las manifestaciones, formas y/o expresiones que adquieren las instituciones (organizaciones, códigos, costumbres, normas, etc.). Demás está decir que esta policromía que posee el vocablo transpola linealmente su amplitud (y consecuente complejidad) a la fórmula del término “fortalecimiento institucional”.

Desde allí, definimos al FI como “aquel complejo proceso estratégico, científico y participativo, a largo plazo, de creación de valor y transformación cultural, por el cual una institución, refuerza su identidad, moderniza sus procesos, potencia sus capacidades y regenera su estructura. En síntesis, se desarrolla”.

Se trata de un proceso, en tanto conlleva una secuencia ordenada y sistemática de acciones concatenadas, en pos de un objetivo superador. Concebir al FI en estos términos implica hablar de una actividad sujeta a ciertas premisas, tales como su carácter permanente (sin solución de continuidad), su acción dinámica (bajo constante adaptación), su concepción sistémica (con visión integral y universal) y su abordaje multidimensional (inclusiva de todos los componentes). Si estas notas no están presentes en conjunto, sólo tendremos un paquete de acciones aisladas, inorgánicas, o espasmódicas -como ocurre comúnmente-, sin poder hablar de proceso. Por ello, no cualquier acción ejecutada en nombre del FI llegará a ser tal.

  • Es complejo, a tenor de la multidimensionalidad –e incluso, abstracción– de muchas de sus problemáticas.
  • Es estratégico, toda vez que fortalecer las instituciones no es otra cosa que robustecer a una nación y afianzar el futuro de sus habitantes.
  • Es científico, pues exige conocimiento específico y probada experiencia. Aquí no hay membresía para improvisados ni aprendices. El FI demanda un tipo de conocimiento especial, de tipo transdisciplinario.
  • Es participativo, dado que demanda una acción colectiva, plural e integrada, entre todos los actores involucrados, enriquecida a través del debate y el consenso.
  • Es a largo plazo, en virtud de que no hay fórmulas rápidas ni recetas express para fortalecer a una institución. El largo plazo es afín a cualquier proceso.

Detrás del FI hay, esencialmente, creación de valor y transformación cultural. Este es el componente vital de cualquier proceso de fortalecimiento de una institución, que
suele ser olvidado o descuidado por parte de los diseñadores y operadores de los programas o planes.

En lo tocante a sus contenidos, el FI es un proceso a través del cual la institución afianza su identidad (robustece su misión, redefine sus roles, profundiza sus vínculos de pertenencia, refuerza su catálogo de principios y valores y se compromete y enrola con el progreso y el futuro), moderniza sus procesos (reformula sus mecanismos, renueva sus herramientas, aggiorna sus métodos, amplía sus canales de contacto y/o acceso y desarrolla sus competencias), potencia sus capacidades (incorpora información y conocimiento, reformula conceptos y doctrinas, mejora su operatividad, amplia su universo de acción y optimiza su gestión), y regenera su estructura (depura, renueva y diversifica sus cuadros, dinamiza su recambio generacional, actualiza su universo y amplía sus escenarios y horizontes).

Ideas erróneas

Dentro del desconocimiento y confusión reinante en la materia, un clásico error de concepto que ha predominado y aún lo hace entre los ideólogos y operadores de planes y proyectos, ha sido identificar o asociar al FI con la compra de computadoras, o el arreglo de edificios, o el aumento del personal o el cambio del modelo de gestión. Esta es una idea falsa, es muchísimo más que eso.

A tal error conceptual se le ha sumado la tradicional fórmula (sugerida por foráneos y adquiridas sin cortapisa por locales) bajo la cual se ejecutaron dichos planes y proyectos, cuyo postulado consigna que el FI solo puede hacerse bajo la empobrecida clásica receta de decisión política + disponibilidad de fondos.

Nuevamente falso. Huelgan pruebas de la inexactitud de este aserto. El FI requiere la indisoluble conjunción armónica y articulada de muchos otros ingredientes capitales –hasta hoy ausentes–, tales como conocimiento científico experto, rigor académico, experiencia previa exitosa, compromiso cívico, responsabilidad social, espíritu republicano, convicción  y cultura innovadora. A todo ello se  agrega aún un nuevo desvalor.

El proceso de FI suele confiársele y encargársele a los titulares / referentes / responsables de turno de la institución involucrada, casualmente aquellos mismos que la olvidaron, degradaron y hasta petrificaron. Craso error. El FI no es para cualquiera (incluidos los gerentes de turno), requiere de gente experta y comprometida, imbuida por un ferviente deseo de cambio y gobernada por un espíritu innovador, dotada de vocación y pasión, con probados antecedentes en construcción de valor social e involucrada con cada institución debe identificar dentro de su órbita a sus socios estratégicos, esto es, aquellos actores de su entorno, comunicamos la apertura de nuestras comprometidos con su realización y con pruebas de ello.




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