Mariano Egaña Derecho y Política en la Fundación de la República Conservadora

Que no existen explicaciones únicas en la historia es un principio básico con el que trabajan quienes investigan sobre el pasado del hombre. Así se entiende que, en nuestro caso, haya diferentes miradas a la década de los treinta del Siglo XIX en Chile. Qué ideas predominaron y en qué personajes de nuestra historia se encarnaron durante el proceso de la formación y consolidación de la República en Chile, es el trabajo que nos presenta el profesor Enrique Brahm en su última publicación.

La historiografía ha variado su interpretación del sistema político instaurado en la era portaliana. De una mirada positiva que, aunque reconocía excesos, compartía la idea que este período de nuestra historia había significado la consolidación de un orden público basado en el principio de autoridad, se ha pasado en las últimas décadas a la consideración crítica de la república conservadora, la que es mirada como un paréntesis dentro de un proceso de desarrollo de consolidación de un sistema político liberal iniciado bajo el régimen pipiolo.

Enrique Brahm ha destinado parte de sus investigaciones a este período de la historia de Chile, en la figura de Portales, en la discusión en torno al régimen de gobierno, en el proceso de codificación, y, ahora, en el multifacético jurista Mariano Egaña, en un logrado intento por redescubrir que fueron los “conservadores como Egaña los que recién hicieron realidad concreta y efectiva los ideales liberales”.

Así, la obra nos muestra a un Egaña plenamente identificado con las corrientes liberales de base ilustrada, con rasgos iluministas y de plena confianza en el progreso y aunque ya en los primeros años de formación de la República mostraba diferencias con algunos de su generación, no por ello podría tildársele de conservador. Esta etiqueta, en palabras del autor, no calzaba con el actuar patriótico y revolucionario de Egaña, fuertemente marcado por su estancia en Londres como representante del gobierno ante las autoridades europeas.

No obstante, Egaña era un liberal moderado. Rechazaba los excesos del liberalismo dominante, inclinándose por una postura más pragmática, moderada y realista. Creía que la participación activa en política debía estar reservada a aquella parte de la sociedad con más cultura; y que aún no se daban las condiciones en Chile para la implementación de la democracia.

Al revisar la postura de Egaña respecto al régimen representativo, se puede observar que su pensamiento se identificaba con el liberalismo histórico europeo de la primera mitad del siglo XIX, que se oponía a la democracia, al sufragio universal y a la soberanía popular.

Desde su misión diplomática en Europa a fines de los años veinte, el jurista nacional observó el desorden e inestabilidad dominantes en Chile en su transición desde el régimen monárquico al sistema republicano. En este sentido, se nos muestra el diagnóstico que Egaña comparte con Portales, en relación a la exigua preparación y formación de la población; la falta de la “virtud” política, evidenciada en la baja calidad moral de quienes ejercían funciones de gobierno: la clásica distinción entre los “buenos” y los “malos”.

Egaña manifestaba un fuerte rechazo a las monarquías que conformaron la Santa Alianza, destacando, en cambio, a la monarquía inglesa y su régimen de gobierno. Sin embargo, Brahm aclara que el jurista pelucón estuvo lejos de considerar el régimen británico como el ideal para Chile.

Más aún, el autor somete a examen la común opinión que sostiene que Egaña habría fundado su “Voto particular” – su proyecto constitucional que sería la base de la Constitución de 1833 – en el modelo británico. ¿Es posible encontrar en la nueva carta fundamental – se pregunta Brahm – rasgos parlamentarios; un gabinete, o más aún, un primer ministro dependiente de la confianza del parlamento; o tan siquiera la distinción entre Jefe de Estado y un Jefe de Gobierno? Evidentemente no. Más bien, sostiene el autor, los modelos principales que tuvo en vista Egaña fueron aquellos con que gobernaron Napoleón y las monarquías de la restauración francesa, con instituciones como, por ejemplo, el estado de sitio y el régimen censitario.

Frente a una corriente moderna que funda su crítica al ideario conservador de la década de los treinta en la promoción de una autoridad fuerte y represiva, la obra nos muestra a un Egaña que no renunció a los avances constitucionales de la época de los ensayos. Al contrario, se mantuvo fiel al principio liberal de la división y equilibrio de los poderes, conteniendo los efectos perniciosos que en la década de los veinte la aplicación de este principio había provocado.

Finalmente, la obra aborda el contundente aporte de Egaña, junto a Bello y Portales, al proceso de codificación y a la instauración de un nuevo sistema de administración de justicia, coincidente con la crítica que al inicio del gobierno conservador se realizó al derecho nacional, constituido por la numerosa legislación castellano-indiana.

Así, el autor logra derribar mitos en torno a la figura de Mariano Egaña, posicionando con certeza su ideario político y filosófico a través de un cuidadoso y detallado estudio de las fuentes, lo que convierte a esta obra en un texto fundamental para quienes quieren conocer mejor la historia jurídico-política chilena.



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