Mensaje en una botella

Entre los árboles que adornan el escenario de nuestra histórica Plaza de Armas, se erigen dos recias palmeras con ramazones centenarias, cuyas siluetas sugieren al caminante lo poco que hay que pedirle a la imaginación al meditar en los cambios desaforados que ha experimentado la sociedad chilena durante los últimos cuarenta años.

Entre estos cambios, se encuentran las aventuras y avatares que sobrevienen en nuestra profesión comenzando por la inmediatez sin tregua de los mensajes de contacto. Lo que hace diez años era todavía una utopía febril, hoy producto del esplendor tecnológico ya lo tenemos en los dedos de la mano.

En todo este aluvión de cambios, la difusión de este blog alcanza un amplio reconocimiento con esta media centena que cumple con la presente edición, marcando un espacio con información que abastece a sus asociados de artículos, entrevistas y noticias de interés gremial, que además apelan a la estética, al humor, a la música y al cine como alimento indispensable para enfrentar la cruda soledad de nuestro oficio, sin otro compromiso que el pluralismo y el respeto inviolable por los valores que abrazamos y juramos algún día hacer respetar.

El blog se presenta así como un mensaje en una botella que lanzamos cada tres meses a la comunidad forense, intentando mantenernos informados a nosotros mismos y a los estamentos donde se dispensa nuestra labor mediadora, con la promoción que distingue la labor del Colegio, de sus Consejeros y de sus asociados, entregando lo más vibrante del pensamiento de quienes visten el mismo hábito, haciéndolos, en último término, pasar además un rato feliz y distraído. Como pormenores, los tropiezos que hemos encontrado y el síndrome del artículo que falta o que a última hora no se entregó, o que hay que reescribir por enmarañado o por un exceso de erudición, han sido una oportunidad convertida en desafío obligado en el que hemos descubierto que esta tarea, al igual que la del verdugo, se aprende haciéndola.

No son muchos los Colegios que logran darle regularidad y prestigio a sus Revista, en su mayoría ocasionales, aguantando el trabajo forzado, las profecías pesimistas y la servidumbre de saber captar y estar siempre atentos a difundir y recoger las inquietudes de sus asociados.

Parte sustancial de la subsistencia y éxito de esta publicación la vislumbramos en el notable estímulo y sagacidad de los últimos Presidentes de nuestra Orden y el patrocinio de sus auspiciadores.

En los tiempos que corren, donde se ha forjado un aura providencial con el imperio de los mensajes de calígrafas breves, esperamos que entre las buenas razones que sustenten esta publicación y acaso la inmortalicen, sea el que estamos bien, refugiados en este Colegio, con sus once mil afiliados voluntarios y disfrutando de esta Revista. Prosigamos con su lectura y gracias por vuestro aliento.




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