Abogado ilustre Abdón Cifuentes Espinosa

Fue sin duda uno de los hombres públicos más notables y respetados de su época. Tuvo una actividad descollante tanto en el foro como en la vida política y la enseñanza. De ahí, su considerable influencia en el desarrollo del país duran
te el último tercio del siglo XIX e inicios del XX.

Hombre de sólidos principios, de una sola pieza, de viva sensibilidad cerebral, vigorosa personalidad, observador de criterio amplio y penetrante, destacó como abogado, como profesor de Derecho y, muy especialmente, como estadista, ministro de Estado y parlamentario.

Fue campeón de la libertad de enseñanza, convencido que sólo a través de ella se daría fuerte impulso al levantamiento del nivel cultural del país. En su lucha, tuvo fuerte resistencia de los defensores del monopolio estatal de la educación. También se preocupó de desarrollar la enseñanza femenina.

Nació en San Felipe, el 16 de mayo de 1836. Alumno del Colegio San Ignacio, regentado por los jesuitas. Tras continuar sus estudios en el Instituto Nacional recibió su diploma de abogado de la Corte Suprema, el 24 de julio de 1861, pasando a ejercer con éxito su profesión en la capital, junto con colaborar en varios periódicos de ideas conservadoras de los cuales promovió su fundación, como “El Bien del País” (1863) y “El Independiente” (1864). También fue redactor de “La Revista Católica”, activo órgano confesional de amplia difusión de la época.

Junto a lo anterior, fue la docencia una vocación fundamental suya. Desde 1862, y durante 30 años, se desempeñó como profesor de Humanidades e Historia en el Instituto Nacional, lo que le valió ser designado como miembro docente de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.

Con visión premonitoria, gastó grandes energías enderezadas a la creación de la Universidad Católica de Chile, a cuyo establecimiento, en 1888, contribuyó decididamente. Es por ello que en su homenaje, frente a su Casa Central, se levantara un busto en su memoria.

Desde sus inicios, desempeñó en ella, ininterrumpidamente, con especial dedicación y brillo, la Cátedra de Derecho Constitucional, hasta 1920, siendo reemplazado, a su retiro, por su hijo José María. Por ello, S.S. Benedicto XV lo condecoró con la Gran Cruz de la Orden de San Gregorio.

La vida pública de don Abdón fue variada e intensa. En julio de 1867, fue llamado por el Presidente José Joaquín Pérez a servir el cargo de subsecretario de Relaciones Exteriores (a la sazón, no existía ministerio), función que desempeñó hasta el término del gobierno de dicho Mandatario, en 1871.

Recién asumido don Federico Errázuriz Zañartu en la Presidencia de la República, el 18 de septiembre de 1871, juró como ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, permaneciendo en el gabinete hasta el 18 de julio de 1873, al aceptársele su renuncia. En ambos cargos, tuvo una lúcida y activísima actuación.

Cabe señalar que junto con asumir su ministerio, avizorando dificultades por la situación internacional de Chile con sus países vecinos, con mucha perspicacia propuso al Presidente Errázuriz Zañartu, quien acogió sus sugerencias, la creación del Ministerio de Relaciones como cartera específica y encomendar en Europa la construcción de dos poderosos blindados –como fueron el Cochrane y el Blanco Encalada buques que, incorporados a nuestra Armada, fueron decisivos para la victoria naval en la Guerra del Pacífico.

La labor política y parlamentaria del señor Cifuentes fue extensa y fructífera. Patriarca del Partido Conservador, en mayo de 1867, fue elegido diputado por Rancagua. Reelecto diputado por Santiago por varios períodos legislativos, formó parte de la Cámara de Diputados continuadamente hasta 1881. En 1892, fue elegido senador por Llanquihue; en marzo de 1894, lo fue por Aconcagua, hasta 1897 y luego, por dos períodos consecutivos por Santiago.

Tras una dilatada existencia, laboriosa y de grandes servicios al país, a los 91 años –edad provecta excepcional para la época falleció en Santiago, el 14 de junio de 1928.

Sus “Memorias”, en las que hizo una objetiva reseña de sus múltiples actividades y formulara sensatos juicios acerca de personas y hechos de su tiempo, constituyen un valioso documento que, al decir de Encina, es de capital importancia para la comprensión histórica de los años en que le cupo vivir.




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