Abogado ilustre: Sergio Baeza Pinto

Este destacado abogado, Profesor de Derecho Comercial, de una muy vasta cultura humanista, nació en Antofagasta el 11 de abril de 1920 y falleció en Santiago el 3 de enero de 1991, a los 70 años de edad.

Hizo sus primeros estudios en el Colegio San Luis, de Antofagasta, regentado por los jesuitas, y los secundarios, en el Liceo de Hombres de su ciudad natal y en el Liceo Alemán de Santiago, al término de los cuales ingresó a la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, en 1938, sobresaliendo como alumno de aguda inteligencia y de grandes inquietudes intelectuales, las que exhibió a lo largo de su vida.

Para obtener el grado de Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales presentó su interesante y valiosa tesis sobre “El Seguro de Accidentes Personales”, evidenciando ya su interés por una materia de la cual sería un notable especialista en su vida profesional, como lo demuestra su obra “El Seguro”, publicada en 1967, por la Editorial Jurídica de Chile, reeditada en 1981. Recibió su título de abogado en marzo de 1944, ejerciendo activamente la profesión hasta el momento de su muerte.

Como abogado desempeñó importantes cargos en el sector público, tales como Abogado Jefe de la Superintendencia de Seguros, Sociedades Anónimas y Bolsas de Comercio -hoy Superintendencia de Valores y Seguros-, Fiscal de la ex Empresa de Comercio Agrícola (ECA), Presidente de la Empresa Nacional de Frigoríficos y director desde su creación de la Sociedad Minera El Teniente, en todos los cuales actuó con eficiencia, honradez y alto espíritu de servicio al país.

En el ejercicio libre de la profesión, fue un abogado exitoso, de prestigio, por su versación jurídica, caballerosidad extrema, buen criterio y sentido de justicia. En el área jurídico-bancaria, tuvo una activa, dilatada y preponderante labor. En 1965, fue designado Abogado Jefe del Departamento Legal del antiguo Banco del Trabajo, que devino en el actual BHIF, del cual fue su Fiscal hasta su fallecimiento.

Por su prestigio, fue Presidente del Comité de Asuntos Jurídicos de la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras y en diversas ocasiones presidió la delegación chilena de abogados a reuniones internacionales organizadas por la Federación Latinoamericana de Bancos (FELABAN), en la que por dos períodos ocupó la presidencia de Comité de Abogados Expertos en Derecho Bancario.

En el campo de la docencia universitaria, fue Profesor de Derecho Comercial por alrededor de una década en la Facultad de Derecho Comercial en la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile, cátedra que sirvió desde 1960. Con anterioridad, desde 1956 a 1960, había impartido la asignatura de Lenguaje Forense en dicha facultad, habida consideración a su reconocido dominio de nuestro léxico y su etimología.

Además de su reconocida obra “El Seguro”, escribió otras de igual interés jurídico, como “Sociedades Mercantiles de Personas” (Editorial Jurídica de Chile, 1978), donde despeja importantes dudas sobre las formalidad y sanciones de las sociedades, alcanzando varias ediciones, y “Derecho Marítimo” (Editorial Jurídica de Chile, 1990), destinada a proporcionar algunos elementos básicos de esta disciplina a los futuros abogados; así como también numerosos artículos de relieve, tanto en la Revista de Derecho y Jurisprudencia como en la Revista de Derecho Privado.

Lector infatigable, un humanista interesado de las diversas disciplinas del saber, volcó también su entusiasmo y dedicación a la filosofía, historia, literatura, lenguas, entre otras. Gran conocedor de los clásicos, leía y releía a Cervantes, a Shakespeare y a Goethe.

Fue por ello un tiempo redactor de “La Nación” y un permanente colaborador de “El Mercurio”, a través de artículos de honda sabiduría, escritos con soltura, amenidad, con la sencillez y elegancia en el decir, propias de un fino espíritu de selección.

En el último de sus artículos, escrito poco antes de su muerte, publicado póstumamente en “El Mercurio” días después de ella, intitulado “La maldición de Alberich”, inspirado en el “Oro del Rin”, la gran obra del genio de Wagner, de quien era admirador, premonitoriamente entregó una síntesis de su figura moral, al señalar que “La felicidad no está en el poder del dinero sino en la capacidad de amar y ser amado”. Esa fue la valiosa herencia que dejó.

Por todas sus virtudes, ya reseñadas, continuará siendo recordado.




Califica este Artículo:
0 / 5 (0 votos)




Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *