Arte con compromiso ético: “Estaba la madre”

“Estaba la madre” incluye una temática inusual en el género de la ópera, en donde es francamente difícil encontrar reflejados aspectos más contemporáneos o relativos a los Derechos Humanos. La obra toma parte de ese horror vivido décadas atrás en nuestro país y se centra en el drama de las madres que han perdido sus hijos y en la lucha para obtener datos y justicia. Para cualquier argentino adulto ver en un escenario el horror mutado en obra de arte no puede dejar de ser tocante y eso ocurrió con los asistentes a las tres funciones brindadas a fines de octubre y comienzos de noviembre de este año.

Cuatro historias una misma desesperación

Comisionada por la Ópera de Roma, con la intención de celebrar la Pascua con un Stabat Mater, se estrenó en abril de 2004 en la sala del Teatro Nazionale repitiéndose en abril de 2005. Se estructura en un acto con prólogo y epílogo y siete escenas breves. Narra las historias de cuatro madres de desaparecidos. La primera es Sara, modista de origen judío, madre de Samuel, estudiante sin antecedentes judiciales ni militancia política. La segunda es Juana, maestra rural, madre de Horacio, perito agrónomo desaparecido desde febrero de 1977. Le sigue Ángela, obrera textil, madre de Pablo, cura obrero en un barrio pobre suburbano.

La última madre no tiene nombre ni historia, no canta ni habla, sólo recibe en sus brazos al cuerpo muerto de su hija, una sindicalista asesinada mientras el coro y las tres madres entonan el Stabat Mater laico que da nombre a la obra.

El prólogo y el epílogo están a cargo del Coro que menciona el accionar de las Madres de Plaza de Mayo (éstas son las locas de Plaza de Mayo / cien desgarros dentro / mil pañuelos al viento / éstas, éstas son éstas).

El texto de Carlos Sassano, Sergio Bardotti y el propio Luis Bacalov es breve, sintético, con diálogos cortos (algunas rimas suenan un poco predecibles y escolares) y de carácter oratorial. No hay un progreso dramático sino que se muestran las cuatro historias más algunos frescos sobre las actitudes de los militares en un efecto teatral profundo.

La música compuesta por Luis Bacalov tiene una duración aproximada de ochenta minutos. Está compuesta para coro mixto y solistas con tesituras centrales (mezzosopranos y barítonos más un bajo y una contralto) eludiendo a tenores y sopranos.

Quizá el mayor mérito del compositor haya sido el de evocar sonoramente con precisión y sutileza un país, pero por sobre todo una ciudad -Buenos Aires- polifacética, multicultural y con un “algo” de rebelde cosmopolita a pesar de la mediocridad, la pobreza y la marginalidad que desde hace por lo menos sesenta años se intenta imponerle como paradigmas. Y el hacerlo a través de un eclecticismo musical que incluso incorpora solos de bandoneón y alguna reminiscencia de ritmos folclóricos, alejados ambos de todo pintoresquismo de tarjeta postal, logra superar el clima local para que emerja la universalidad del drama que narra.

El estreno local

El propio compositor, que es conocido por su Misa Tango, grabada por el tenor Plácido Domingo y numerosas bandas de sonido cinematográficas, entre las cuales la música de la película “El cartero” (Il Postino) le valió un premio Oscar en 1996, logró un muy buen rendimiento por parte de la orquesta Estable del Argentino de La Plata y del conjunto de cantantes solistas y coro.

El tema tratado daba perfectamente para el panfleto político y el gran mérito de Carlos Branca, responsable de los aspectos visuales y de la puesta en escena, fue el haber buscado una visión que sin renunciar a mostrar el horror, resultara universal, profunda y despojada.

Carlos Branca es abogado, fundó la Escuela de teatro de la Asociación de Abogados de Buenos Aires, donde trabajó por más de diez años, la Escuela de Teatro del Colegio Público de Abogados de la Capital Federal y la Escuela de Teatro de la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional de la Republica Argentina, hasta que se radicó en Italia. Con el eclecticismo que caracteriza a nuestra profesión, pero también con el profundo compromiso ético que conlleva el título de abogado, Branca alterna su pasión por el teatro de prosa como director escénico con las puestas de óperas.

La marcación escénica de nuestro colega luce milimétrica. Cada madre tiene como correlato un elemento primordial (agua, tierra, fuego) y un momento solista que se desarrolla en el proscenio en una especie de ámbito ritual. Así Sara se asocia al agua y ésta a los tristes vuelos de la muerte. Juana a la tierra y a las tumbas sin lugar y sin nombre. De esa tierra aparecerá el clásico pañuelo blanco que identificará a las madres en lucha. Mientras que Ángela se vinculará al fuego por la oración por su hijo y los fuegos perpetuos del infierno. El dolor de la última madre se relaciona con el de la Virgen María cuando recibe el cuerpo muerto de Jesús y tiene lugar en el centro del escenario.

A su vez, las escenas que son protagonizadas por los tres generales se desarrollan, mayormente, en el piso superior. Esto permite mostrar a los militares vigilando sin que los observados sepan si son o no objeto de esas miradas inquisitivas que nunca tienen fin.

Notable es el final de la escena tercera cuando irrumpen por los pasillos de la sala, entre los espectadores, figurantes de civil que con linternas, se dedican a buscar al “enemigo”, mientras los reflectores con una luz blanca poderosa iluminan alternativamente distintos lugares del escenario y de la platea. La tensión se hace visible y palpable y el recuerdo de esas épocas también.

Mientras que en el final de la cuarta el clima burlesco del cabaret alemán se palpa con la coreografía de Omar Saravia y Carlos Branca al mismo tiempo que los militares proclaman que “aquí no pasa nada” y el pueblo se entretiene viajando al exterior y comprando merced al dólar barato. Al final se perciben reminiscencias de lloronas y tragedia griega.

Evidentemente este estreno americano de una obra con esta temática se convirtió en un importante hecho artístico, cultural, político y ético para nuestra país y su presencia en el Human Rights Festival de la región italiana de Emilia Romagna en abril de 2008 más su puesta en Uruguay, Venezuela y otros países de América Latina permitirá seguir combinando arte con un profundo compromiso ético del cual no podemos ser ajenos los profesionales del derecho.




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