Cuerpos que hablan a quien sabe oírlos

Variedad de tareas y especialistas

Se trabaja en una multiplicidad de aspectos: la preservación del lugar del hecho; de los hallazgos; los archivos y registros; el examen de la vivienda; de las armas de todo tipo; huellas de animales, plantas, vidrios, objetos diversos; fotografías de toda la escena.

Cuando se trata de hechos cometidos contra las personas, el conjunto de informes necesita, entre otras interpretaciones, la de un médico, puesto que éste tiene a su cargo el estudio de la víctima y la dinámica de cómo llegó a serlo.

Resulta asimismo fundamental determinar si las heridas que presenta el cadáver fueron efectuadas antes o después de la muerte. Osvaldo Raffo señala que “hay lesiones post mortem que pueden inducir a error, como las mordeduras de animales que atacan al cadáver, o los traumatismos de los sumergidos que son arrastrados por la corriente. Otras veces se intenta simular un accidente para ocultar un homicidio, recurriendo a la precipitación desde lo alto, depositando el cuerpo en las vías del tren, o utilizando otros procedimientos”. Raffo detalla: “Producida la muerte, las funciones vitales de la economía que a ella se oponen cesan definitivamente. También lo hacen los fenómenos bioquímicos tisurales, dependientes de la actividad cardiorrespiratoria y cerebral, irreversiblemente desaparecidas. El cuerpo, en este estado, recibe el nombre de cadáver y sufre modificaciones primero, determinadas por la influencia física del ambiente, y después por la acción de fermentos y microbios”.

Esquemáticamente, pueden considerarse, para su estudio, dos etapas: la primera denominada fenómenos cadavéricos recientes (abarca desde el momento de la muerte hasta el comienzo de la putrefacción) y la segunda fenómenos menos cadavéricos alejados (prosigue a la anterior y termina con la desintegración completa del cuerpo).

Desaparición de personas en la última dictadura

La técnica de la desaparición de personas, esto es, la detención clandestina y por tiempo indeterminado de un individuo, a quien a partir de entonces se puede torturar y asesinar, fue utilizada en la Argentina a partir de 1975, bajo el gobierno de María Estela Martínez de Perón. Desde el golpe militar del 24 de marzo de 1976, esta técnica se adoptó en forma generalizada; durante ese año se registra un aumento de más de 1000% en los casos denunciados, que llegan a 4105.

Mauricio Cohen Salama aclara: “La decisión de ocultar los cadáveres no sólo se tomó para los desaparecidos sino también para los muertos en los numerosos enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y las guerrillas. De esta manera, los jefes militares intentaban evitar que se distinguiera entre los muertos en combate y los prisioneros asesinados. Para aumentar la confusión, era frecuente que una persona considerada desaparecida por su familia apareciera muerta en un enfrentamiento fraguado”.

Como consecuencia de lo ocurrido durante la dictadura y a raíz de la aparición entre diciembre de 1983 y marzo de 1984 de numerosas exhumaciones de restos óseos realizadas en cementerios públicos ordenadas por la Justicia, se supo entonces que un porcentaje no determinado de los desaparecidos yacían en esas tumbas anónimas.

“La primera verificación de que había cadáveres enterrados como N.N. en cementerios públicos la hizo la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que realizó en 1979, en nombre de la Organización de Estados Americanos (OEA), una visita de inspección. En el cementerio de la Ciudad de La Plata, la Comisión halló tumbas de N.N. donde estaban enterrados los cuerpos de personas de entre 20 y 30 años. Dado que la legislación argentina exige un acta de defunción firmada por un médico para inhumar un cadáver, identificado o no, la CIDH pudo comprobar que muchos de los N.N. habían fallecido por estallido de masa encefálica producido por un proyectil de arma de fuego. Las autoridades explicaron a la Comisión que se trataba de personas muertas en enfrentamientos, a quienes por el estado de destrucción o incineración del cadáver no había sido posible identificar”.

  1. Hacer la instrucción del caso (descripción e investigación inicial).
  2. Enviar la instrucción al juez.
  3. Intentar la identificación del cadáver con las fichas papiloscópicas.
  4. Emitir partida de defunción.
  5. De no obtener identificación, disponer la inhumación del cadáver por vía administrativa debiendo inscribir la defunción en el Registro Civil dejando constancia del procedimiento efectuado.

Es así que en ese momento histórico-político como se estableció que los cadáveres debían ocultarse, la policía hacía los trámites legales y disponía casi todas las inhumaciones, así se hubiese obtenido o no la identidad de los muertos, como si se trataran de N.N. El trámite previsto para indigentes y desconocidos pasó a ser un recurso habitual para deshacerse de los cadáveres de la represión ilegal.

Los casos citados en el libro Tumbas anónimas de Mauricio Cohen Salama describen cómo se fueron identificando los cadáveres enterrados con los métodos arriba señalados. El Equipo Argentino de Antropología Forense tuvo como tarea central inicial tratar de identificar y determinar la causa y modo de muerte de más de 200 N.N. cuyos restos fueron enterrados en una fosa común ubicada en el Cementerio de Avellaneda, provincia de Buenos Aires. En el año 1986, durante la exhumación que realizaban a solicitud de la Cámara Federal, se advirtió que en un sector del Cementerio de Avellaneda habían enterrados una gran cantidad de restos de N.N. A mediados del año 1987, la señora Matilde Cerviño se enteró que los restos de su hija María Teresa habían sido enterrados en ese lugar, pero para hallarlos era necesario exhumar y clasificar los más de 150 N.N. Para realizar esa tarea –que se extendió hasta enero de 1991– se nombraron antropólogos.

En la búsqueda del cadáver del periodista Rafael Perrota, se efectuaron inhumaciones en el sector de cadáveres de indigentes del Cementerio de Avellaneda. Una vez iniciadas las tareas, los antropólogos constataron que se trataba de una fosa común. Se sacaron 11 esqueletos, que fueron trasladaos a la Morgue Judicial de la Capital Federal. Uno de ellos pertenecía a una mujer de alrededor de 70 años de edad, que usaba prótesis dentales superior e inferior completas. Casi inmediatamente, se identificaron los restos como pertenecientes a María Mercedes Hourquebie de Francese, lo que se pudo establecer a partir de la comprobación de dos fracturas de costilla en el hemitórax izquierdo y del informe del odontólogo de la señora sobre las prótesis.

Es así que luego de un trabajo impresionante relatado en la obra señalada –que llevó más de dos años de minuciosas labores-, se recuperaron en total 278 esqueletos, entre los cuales se incluyen los restos esqueletarios de 19 fetos y neonatos, algunos asociados a esqueletos adultos en distintas fosas.

A causa de la composición química del suelo, más del 50% de los esqueletos tenían fragmentos de cerebro “momificados” en forma aparentemente natural, los que fueron analizados por un patólogo. Se pudo determinar el sexo, edad y la causa de muerte de los mismos. También la identidad de algunas personas que se encontraban desaparecidas.

El 24 de agosto de 1990 se encontró un esqueleto que tenía alambres de sutura quirúrgica en el esternón, parecidos a los que se usan en las operaciones de corazón. En los archivos de CONADEP se encontraba la denuncia de la desaparición de María Adelia Garín de Angeli, cuyos familiares habían hecho notar que la mujer había sido sometida a una operación de corazón. En el laboratorio, y sólo con los restos obtenidos, los antropólogos determinaron la edad, la estatura, el hábito de lateralidad y las patologías antiguas de esta mujer. La odontóloga particular de Garín reconoció su trabajo e indicó que había coincidencia total entre los arreglos odontológicos de las piezas dentarias del esqueleto y la ficha conservada de su paciente. Los antropólogos también observaron la presencia del surco preauricular en ambos huesos coxales, lo que indica una alta probabilidad de que María Adelia Garín haya tenido un embarazo a término. La causa de muerte se produjo por el pasaje de un proyectil de arma de fuego a través del cráneo.

A su vez, a partir de la obtención de dos prótesis dentarias parciales correspondientes a los maxilares superior e inferior, se identificó a Luis Adolfo Jaramillo, detenido desaparecido. La esposa de Jaramillo entregó a los antropólogos dos placas radiográficas de tórax de quien fuera su marido y una vez lograda la reconstrucción de la columna vertebral del esqueleto, se observó que ésta tenía la misma desviación en las vértebras cervicales que registraban las radiografías entregadas. Los datos antropométricos confirmaron finalmente la identificación.

Los aportes interdisciplinarios

A partir de estas evidencias, queda claro que las tareas científicas en lo que hace a identificación de cadáveres ya no se podrán limitar a lo médico únicamente. En casos como los reseñados, estas labores deben realizarse en forma conjunta con otras ramas integrantes de la criminología: antropólogos, patólogos, odontólogos, biólogos, psicólogos, psiquiatras, entre otros.

A medida que la ciencia avance, los resultados serán más precisos y rápidos. Actualmente, es notable el progreso en la investigación de ADN así como otros métodos de identificación genética y la aplicación de la nueva tecnología digital.

“El trámite previsto para indigentes y desconocidos pasó a ser un recurso habitual para deshacerse de los cadáveres de la represión ilegal”.

En nuestro país este tipo de labores continúa ya que aún son localizadas tumbas con N.N. Valga como ejemplo el hallazgo de los restos de María Cristina Lanzillotto de Santillán, quien estaba desaparecida desde el 17 de noviembre de 1976; sus restos fueron encontrados en una fosa común en el cementerio de Avellaneda el 13 de junio de 2005, su identidad fue confirmada y el 12 de abril de 2006 fue sepultada.

Ahora bien, no sólo en nuestro país se desarrollan estos trabajos. En la República de México, los cientos de mujeres asesinadas en la Ciudad Juárez –muy posiblemente ligadas al tráfico de mujeres, prostitución y drogas-, instan a agudizar las labores de identificación. “La Procuraduría General de la República (PGR) identificó las osamentas de dos mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, Chihuahua, gracias a los perfiles genéticos obtenidos de las muestras donadas por 26 familiares de los 13 restos óseos que analiza la dependencia federal, según informó el diario mexicano La crónica de Hoy. “La PGR comunicó que cuenta con tecnología de punta para lograr identificar principalmente las osamentas de mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, por ello fue necesario que los familiares de las occisas donaran muestras de saliva, sangre o cabello. ( … ) Los estudios realizados en las osamentas y en los familiares de la víctimas han sido incluidos en el Banco de Datos de Genética Forense (BDGF) ( … ) seis peritos especializados en odontología, criminalística, antropología, fotografía, balística, química y genética, se encargan de levantar los indicios localizados, así como de tomar las muestras a los familiares de las víctimas”, precisó el diario.

La AMIA, las Torres Gemelas, bombas en distantes ciudades… enseñan que las tareas de la medicina en identificaciones de cadáveres deben sin lugar a dudas complementarse con la criminología y las disciplinas conexas.




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