Del “Cigotismo” Jurídico

“La representación antropomórfica del huevo, era la culminación de lo que bauticé como el “cigotismo” (de “cigoto”: huevo), es decir, nuestra tendencia, a estas alturas irrefrenable, de sustituir las diversas palabras del idioma castellano por la expresión “guatón”, sea como sustantivo, adjetivo o verbo”.

Un fallo de nuestra Corte Suprema determinó que la expresión “…ón” “según los usos y costumbres actual mente en boga, ha perdido la fuerza ofensiva o de menosprecio que antiguamente tenía o que parecía desprenderse del significado originariamente atribuido, de modo tal que utilizada hoy frecuentemente de forma coloquial o amigable, no puede extraerse de suyo, por su sola expresión, que exista un ánimo doloso de causar descrédito o daño en la honra de terceros”.

La sentencia está referida a una querella por supuestas injurias contra un concejal, quien en sesión del Concejo de una Municipalidad sureña calificó con dicho término a uno de sus colegas, concluyendo que no se daba en la especie el “animus injuriandi”.

Esta resolución de nuestro supremo tribunal, que le ha quitado el carácter indecoroso a la palabreja, me ha dado licencia para compartir con ustedes algunas reflexiones sobre el particular, que en otras circunstancias habría reservado a una esfera más íntima. Con todo, para no irritar a tímpanos delicados, la reemplazaremos por “guatón”.

Días atrás, vi que en una feria de artesanía se exhibían para la venta huevos pintados con formas humanas, representando diversas tipologías. Un letrero bajo los huevos daba luz sobre su significado.

Así, por ejemplo, el huevo rotulado como “guatón picante” correspondía a una cara cuya boca y mejillas tenían restos de ají. Se veían en hileras al “guatón enrollado”, el “guatón carépalo”, etcétera, cada cual con expresiones y adminículos representativos del correspondiente modelo. Inclusive, se podía ver al “guatón” abogado, representado por un huevo impecablemente vestido de corbata y traje oscuro, portando un voluminoso maletín.

Pensé entonces que este singular trabajo artesanal, que no era otra cosa que la representación antropomórfica del huevo, era la culminación de lo que bauticé como el “cigotismo” (de “cigoto”: huevo), es decir, nuestra tendencia, a estas alturas irrefrenable, de sustituir las diversas palabras del idioma castellano por la expresión “guatón”, sea como sustantivo, adjetivo o verbo.

Es indudable que, en su primer origen, dicha expresión nació como un insulto, aludiendo al tamaño desmesurado de los “mellizos de abajo”, como suele denominarse a aquellos apéndices varoniles.

Incluso, tiene una representación gesticular, con una o ambas manos abiertas hacia arriba y los dedos crispados. Y he ahí la primera curiosidad del cigotismo: la locución “guatón” se asocia a la bobería y torpeza.

Sin embargo, no conocemos antecedentes médicos, biológicos o simplemente estadísticos que relacionen la exhuberancia de los “adornos del árbol de pascua” con la estulticia.

Es más, en otras latitudes, se utiliza un sinónimo cual es “cojonudo”, pero con una acepción completamente distinta, ya que significa hombre valiente y audaz.

Cigotismo femenino

Otra peculiaridad del cigotismo es que en tiempos recientes y en forma aberrante, el insulto pasó también a aplicarse a las damas con igual significación. Pensamos que esta derivación se originó en el proceso de liberación femenina, producto del cual las mujeres empezaron a participar en el mundo en forma cada vez más activa, creándoseles la importante necesidad de insultar a sus congéneres.

Lo razonable habría sido crear con ese objeto un nuevo insulto más adecuado a la morfología femenina, como podría haber sido “ovariona”, “ovulona”, “uterona” o “falopiotrompuda”.

No obstante, tales palabras van asociadas al respetable proceso de la maternidad, por lo que no parecían muy apropiadas para un insulto.

De este modo, creemos que por descarte se optó por tomar prestado del lenguaje masculino la expresión de marras, popularizándose gradualmente su uso.

Con el tiempo, el uso frecuente del vocablo ha desgastado sus aristas filosas y ha pasado a tener un significado diferente e inofensivo, ya que se emplea como sinónimo de persona, sin una connotación especial de insulto o desprecio, tal como lo reconoce el fallo de la Corte Suprema antes citado.

Otras variaciones

El cigotismo también ha tenido derivaciones verbales, significando ya sea “molestar”, “parrandear”, “burlar” o simplemente “cosa” , dependiendo del contexto.

Es tal la profusión del cigotismo que, actualmente, dos personas pueden sostener un diálogo completo utilizando exclusivamente el término en su sinnúmero de variantes.

Pues bien, en días pasados, me tocó ser testigo de una aplicación del cigotismo al mundo del derecho. Uno de mis hijos, estudiante de leyes y eximio “cigotista”, se había reunido con un grupo de compañeros a preparar una prueba de Derecho Civil y sorprendí el siguiente diálogo entre ellos:

  • “Oye guatón, no entiendo este artículo”.
  • “Pero me estay guateando, si es súper simple esta guatada, guatón”.
  • “Guatón, no me agarrís pa’l guateo”.
  • “No, guatón, mira, te lo voy a explicar con palabras simples. Tu sabís que los guatones son naturales o jurídicos. ¿Ya? Y que son guatones todos los de la especie humana, cualquiera sea su edad, sexo, estirpe o condición”.
  • “Ya, guatón”.
  • “Y que la existencia legal de todo guatón principia al nacer, esto es, al separarse completamente de la madre, pero que la ley protege la vida del guatón que está por nacer.
  • Entonces, ¿qué otra guatona manera habrá de proteger los derechos de los guatones que están por nacer que protegiendo sus derechos hereditarios mientras no nacen los guatones?
  • “O sea, que a los guatones les corresponden derechos hereditarios, pero sujeto a la condición que nazcan vivos”.
  • “Ajá, guatón”.
  • “Ahora caché, guatón, pero tenís que reconocer que es enredá la guatada, guatón”.

Este diálogo confirma lo acertado del fallo de nuestra Corte Suprema. El cigotismo ha invadido nuestro lenguaje coloquial, incluso, en el mundo jurídico y no estará lejos el día en que una demanda sea proveída con la resolución: “Traslado al guatón demandado”. O también: “Vengan los guatones a comparendo dentro de quinto día”.




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