Ética y Derecho Ambiental frente a la problemática sociocultural del siglo XXI

Ética y economía ambiental vs. ética de una producción para la vida

En el diseño de las políticas ambientales se observa que los actores intervinientes o agentes reaccionan ante los incentivos. Éstos pueden referirse a una recompensa o a un castigo monetario, pero también a los elogios o reproches que suscita uno mismo en la sociedad con la acción individual.

La dimensión del comportamiento económico es la que adopta la perspectiva moral, que, sin embargo, deriva esencialmente de la reflexión y de la experiencia personal. En cambio, la ética ofrece criterios de actuación de validez universal que permiten obrar con justicia.

El concepto de “ética” se relaciona con un buen comportamiento en un sentido humano. Las proposiciones provenientes de esta parte de la filosofía tienen valor normativo y ofrecen una base racional de la moral.

La rama que trata los problemas morales referidos al ambiente es la “Ética Ambiental” que se centra en problemas que inciden sobre los seres vivos y los efectos de estas eventuales actuaciones en el espacio (local, nacional) y en el tiempo (generaciones presentes y futuras) son analizados necesariamente en un marco de interdisciplinariedad científica.

Siguiendo esta dirección, se puede hablar de producción para la vida, en la que tanto los conocimientos acreditados actuales como los movimientos sociales emergentes, pugnan por nuevas formas sustentables de producción, están abriendo o descubriendo posibilidades para llegar a una racionalidad productiva. La misma se basará principalmente en la productividad eco-tecnológica de cada región y ecosistema, partiendo de dos factores muy importantes a tener en cuenta como lo son:

  • Las potencialidades de la naturaleza.
  • Los valores de la cultura.

Es decir, estamos frente a una nueva racionalidad productiva que rompe con el modelo unificador, hegemónico del mercado como ley suprema de la economía.

El reconocimiento de los límites de la intervención cultural en la naturaleza significa también aceptar las demarcaciones de la tecnología que ha llegado a suplantar los valores humanos por la eficiencia de su razón utilitarista.

En este caso, cabe un papel importante a la bioética, que deberá moderar la intervención tecnológica en el orden biológico porque en realidad se tiende a una ética de una producción para la vida. Por lo tanto, la técnica debe ser gobernada por un sentido ético de su potencia transformadora de la vida.

¿Existe una nueva ética para el medio ambiente?

La disyuntiva está en acordar si los actuales problemas ambientales necesitan un nuevo tipo de ética o si los principios son suficientes para considerarlos. Hay quienes encuentran imposible la existencia de una innovación porque así se rediseñarían conceptos tales como la responsabilidad moral. Según la filosofía pueden diferenciarse dos ideologías:

  • Las que representan valores ecocéntricos.
  • Las que defienden valores antropocéntricos.

Las filosoñas ecocéntricas postulan el mantenimiento y el respeto de los sistemas naturales, de aquí que las actuaciones de los individuos serán o no correctas, en función de su impacto sobre los ecosistemas, por eso consideran que: “Los seres humanos están directamente involucrados en el mantenimiento del mundo natural, con independencia de sus intereses”.

Por su parte, las ideologías antropocéntricas consideran que sus valores derivan exclusivamente de las necesidades humanas y sus intereses. Las mismas no tienen por qué implicar comportamientos de degradación ambiental, puesto que sería perfectamente factible que los intereses humanos coincidieran con el mantenimiento y la conservación del medio ambiente.

Entonces, para el sistema antropocéntrico la protección ambiental depende de un conjunto de intereses y preferencias mantenidos por la sociedad. En cambio, para el ecocéntrico la preservación es un deber moral.

Desafío del presente siglo: relación del hombre con la naturaleza/ transformación interior

La aparición de “lo moral” como sistema de “ética científica” y la concientización de que la catástrofe ecológica ha tomado prioridad sobre la guerra nuclear como amenaza planetaria – sobre todo en el contexto de una globalización de la economía y una caída de las denominadas “ideologías”- hace que el problema del ambiente signifique un desafío de supervivencia para la humanidad en este siglo que se inicia. El hombre se encuentra enfrentando un holocausto ambiental y se ve obligado a un “mea culpa”, frente a la devastación de la tierra, al agotamiento de los recursos naturales y al deterioro de la biosfera.

Por lo tanto, aquí el tema es plantearse una reformulación del hombre sobre la tierra y su relación con ella, si elegimos la relación “hombre contra la Naturaleza” u “hombre con la Naturaleza”, tema sobre el cual existen múltiples proyectos educacionales, entre los que se destacan:

  • “La naturaleza debe ser conquistada”, se trata de un razonamiento de la primera etapa del hombre sobre la tierra.
  • “El hombre en la Naturaleza, o como parte de ella”, postura secular que propone a la Naturaleza y al Hombre como una sola cosa, y la visión religiosa que considera que la Naturaleza debe ser protegida y cuidada.
  • La afirmación de que “existe un propósito y una lógica que se debe encontrar en la Naturaleza”, coincide con el desarrollo intergeneracional o sostenible, destacando que la degradación ambiental no es sólo un problema que exige soluciones científico-técnicas, sino que también requiere una toma de conciencia y un cambio de actitud de parte del hombre.

Relacionado con la transformación interior, el filósofo budista japonés Dr. Daisaku Ikeda, considera que su importancia se afinca en “confrontar y eliminar el mal fundamental que yace en las profundidades de la vida de las personas que es el deseo de manipular y de explotar a los demás en beneficio propio”. Asimismo, explica: “Hay como un impulso profundamente

arraigado que empuja a la gente a la utilización de las armas para aniquilar a sus semejantes”. Sostiene que es una gran oportunidad para cristalizar avances concretos que coloquen a la sociedad humana en el camino hacia la viabilidad. Al referirse al desarrollo sustentable, opina que el concepto también incluye aspectos tan diversos como la paz, la integridad ecológica y los derechos humanos. En esta dirección, aboga por una reevaluación de nuestro concepto de “progreso”.

El Dr. Ikeda concluye enfatizando que “nuestra supervivencia gira fundamentalmente en torno a que logremos un cambio profundo dentro de los seres humanos mismos”. Así afirma que “solamente una reorientación en la vida interior de la humanidad nos permitirá estar a la altura de los extraordinarios retos que enfrentamos”. Remarca que el éxito del “decenio de la Naciones Unidas para la Educación con miras al Desarrollo Sustentable dependerá de que la formación pueda tocar a las vidas de las personas en su nivel más profundo”




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