Hablando de Chile en Zurich

Si hubiésemos estado en el siglo I después de Cristo y el tema no hubiese sido la cuota litis sino el derecho de los abogados a cobrar honorarios, la mayor parte de los presidentes y decanos habría votado en contra de la idea de que los abogados cobrásemos, prefiriendo el sistema del honorario, porque así es mayor la independencia y el desinterés del profesional.

A mediados de mayo tuve la oportunidad de asistir al Congreso General de la Federación de Colegios de Abogados de Europa, organización que reúne a más de cien colegios de abogados de la Unión Europea, el Espacio Económico Europeo y otros países del entorno.

En el Congreso se habló de un tema familiar y me invitaron a que definiera la posición de España en este milenario asunto. Hablamos de la cuota litis. La cosa no tendría mayor trascendencia porque no se llegó a ninguna conclusión muy novedosa. Se debatió si debía estar prohibida o no, si atentaba contra la dignidad de la abogacía. O simplemente, contra su independencia, ya que de defensor, el abogado se transformaba en socio de su cliente, y a veces, sus intereses podían ser diferentes a los que debía amparar. Había algunos decanos y presidentes de colegios que eran detractores a ultranza del sistema y otros que -se veía- estaban ya más por aceptar la posibilidad de admitirla con ciertas condiciones. Muy tímidamente.

Siempre se cobra

Como creo haber explicado ya, la posición de España es paradójica. Tenazmente abolido, este singular pacto fue admitido parcialmente en 2000, distinguiéndose entre cuota litis en sentido estricto, aquella del “no win, no fee”, para transformarse en “no win, less fee”, basado en una remuneración. En todo caso, y en un premio, en caso de éxito, el premio basado en el resultado: una especie de pacto de palmario.

Lo curioso es que esta apertura habría de ser castigada por el Tribunal de Derecho de la Competencia -un tribunal antimonopolio- por atentar contra la Ley de Competencia y perjudicar gravemente a los abogados más jóvenes, necesitados según el Tribunal de trabajo. Parece que habría sido mejor dejar las cosas como estaban. Al final se votó en el Congreso y los que apoyábamos que se eliminase la prohibición -debo confesar que en mi vida jamás he cobrado honorarios en razón a la cuota litis, pero siempre me han molestado, por principio, las prohibiciones, y por eso estoy siempre en contra de cualquiera-, fuimos derrotados por un amplio margen. Y a pesar de que todo el mundo reconocía que la cuota litis era una práctica habitual en muchas actividades profesionales, especialmente en temas laborales y de responsabilidad civil, a vista y paciencia de las autoridades colegiales. Por lo que se decía allí, estoy seguro que si hubiésemos estado en el siglo I después de Cristo y el tema no hubiese sido la cuota litis sino el derecho de los abogados a cobrar honorarios, la mayor parte de los presidentes y decanos habría votado en contra de la idea de que los abogados cobrásemos, prefiriendo el sistema del honorario (entendido como en sus orígenes), porque de esa manera es mayor la independencia y el desinterés del profesional.

Pero a lo que íbamos. Uno de los ponentes, que habló antes que yo y había estudiado y escrito mucho sobre los honorarios de los abogados, hizo un largo parlamento que me llenó de satisfacción. Se refirió, al hacer la relación de los países no europeos, al artículo 35 del Código de Ética Profesional del Colegio de Abogados de Chile, criticando su contenido. Tuve la suerte de recordar su texto y especialmente tanto su primera frase, que “el pacto de cuota litis no es reprobable en principio”, y sus tres sabias condiciones, todas muy sensatas. Así se lo hice ver a mi colega alemán que tenía otra visión muy distinta y lo dejé reflexionando.

Lo que resultó clarísimo es que el Atlántico, que también se mencionó en el debate, es una barrera entre los que aceptamos la cuota litis y tenemos un modo de ver de abogacía y los que no. Y no olvidemos que la norma del artículo 35 va a cumplir sesenta años dentro de muy poco. Para sentirse orgulloso de haber bebido en esas fuentes y pertenecer a ese Colegio. Marbella (España)




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