La Presunción de Inocencia ¿Una ficción legal que acarrea consecuencias jurídicas?

Nuestro Código Procesal Penal, innovando en la legislación interna, establece en su artículo 4º la presunción de inocencia, lo que reitera después en el artículo 150, en cuanto a que el imputado “será tratado en todo momento como inocente”.

En concordancia con este principio, el comentado cuerpo legal rodea de resguardos especiales cualquier limitación o privación de derechos constitucionales, en cuanto establece exigentes requisitos para adoptarlos. En la misma línea de pensamiento, establece severas limitaciones respecto de medidas cautelares reales y sobre todo personales, subrayando la excepcionalidad de la prisión preventiva.

Por otra parte, ya a nivel de sentencia condenatoria, ella sólo se legitima cuando la convicción a que ha llegado el tribunal sólo la ha obtenido de la prueba producida durante el juicio oral, y alcanza “más allá de toda duda razonable”, como dice nuestro legislador, siguiendo en lo textual la tradicional fórmula anglosajona.

¿Qué quiere decir este atractivo planteamiento?

A nuestro juicio subsiste duda razonable cuando después de toda la prueba rendida, se sustenta por lo menos una hipótesis que sea excluyente de la existencia del hecho punible y/o de la culpabilidad, y que se base en hechos establecidos durante el procedimiento. Si bien es cierto que este planteamiento general es una cuestión doctrinariamente pacífica, la respuesta casuística -y no puede haber otra- es extraordinariamente ardua.

Volviendo a la presunción de inocencia, recordemos también que en la legislación internacional, alguna suscrita y ratificada por Chile, se recoge idéntica declaración. Debemos plantearnos, como cuestión previa, si estamos o no propiamente frente a una presunción. Se ha dicho que las presunciones son un medio de prueba, en el cual la elaboración mental juega un papel principal. Para su estructura se debe partir de uno o más hechos conocidos, establecidos mediante prueba directa; y estos hechos conocidos se deben conjugar con los principios que nos brindan la lógica y la experiencia. De este raciocinio, más o menos complejo, pasamos a afirmar la existencia del hecho desconocido. Hagamos la reserva, en todo caso, que para muchos las presunciones no son propiamente pruebas, sino que forma de razonar para asentar determinadas conclusiones. En esta línea se inscribe nuestro Código Procesal Penal, que apartándose de la tradición privatista y del anterior enjuiciamiento penal, no las incluye como elementos de posible convicción.

En la perspectiva señalada, la llamada “presunción de inocencia” claramente no es una presunción. No parte de hechos conocidos -que no se consignan-para afirmar uno desconocido, que sería la inocencia, sin que tampoco intervengan en su génesis los principios de la lógica y la experiencia. Además, la inocencia no es un hecho constatable, sino que es una situación jurídica residual, frente a la imposibilidad de probar la existencia del ilícito y de la responsabilidad.

Ficción de aplicación obligatoria

Si no es una presunción ¿qué es entonces este postulado? Creemos que es simplemente una ficción legal que, como tal, acarrea consecuencias jurídicas. Está en el mismo plano que la llamada presunción de conocimiento de la ley y como tal, es un principio inspirador y una directriz para la actividad jurisdiccional y sus auxiliares.

Pero como por mandato legal es una ficción de aplicación obligatoria, tiene un efecto procesal importantísimo, en cuanto carga con el peso de la prueba a quien sustenta la tesis de la existencia del ilícito penal y de la participación culpable. Y si quien sostiene la acción penal no cumple a cabalidad esta carga, no habrá eliminado “toda duda razonable” y el imputado deberá ser absuelto. Aceptemos también que como ficción orientadora, sirve de cortapisa para medidas gravemente restrictivas o que desconocen garantías consti-tucionales. Pero como ficción que es – que se deriva del verbo fingir- en su esencia sólo tiene apariencia de verdad, pero no necesariamente es la verdad. De esta manera, puede haber -y normalmente hay- una absoluta dicotomía entre lo verdadero y lo ficticio, entre lo real y la ficción.

Siguiendo este desarrollo, a quien se le presume inocente “ab initio”, puede sin embargo ser responsable. Y aquí surge la crucial pregunta: esta favorable ficción inicial o verdad provisoria ¿puede ser despejada desde luego, o sólo lo será a través de la firmeza de la sentencia condenatoria?

La ley procesal (Arts. 4° y 150 del Código Procesal Penal) no nos ayuda a despejarla. En efecto, el artículo 4° fija el lapso máximo de la ficción, que durará como límite hasta la ejecutoria de la sentencia definitiva. Por su parte el artículo 150 regula el trato que debe recibir el imputado en prisión preventiva, considerándolo no obstante como inocente.

En caso de delito flagrante

Recurriendo a la lógica podemos sostener que la verdad aparente de inocencia, no puede subsistir incólume durante el proceso, si surgen evidencias de tal fuerza, que socavan su sustento. De manera que si se trata de un delito flagrante, sobre todo en las dos primeras situaciones del artículo 130 del Código Procesal Penal, que se demuestra por sí mismo, esta realidad hace que la ficción palidezca y se esfume. Igual efecto puede producirse si claramente estamos frente a un profesional del delito, que reincide en conductas similares.
De esta manera, cuando evidencias iniciales apuntan vehementemente en el sentido de establecer el hecho punible y la culpabilidad, no es legítimo escudarse en la ficción para eludir la prisión preventiva u otras medidas de particular resguardo.

Así vamos paulatinamente decantando los conceptos y podemos afirmar:

  1. La llamada “presunción de inocencia” no es más que una ficción legal, que muy bien puede no coincidir con la verdad.
  2. Durante el proceso ella normalmente obsta a medidas cautelares particularmente severas, salvo que durante su curso surjan evidencias incompatibles con dicha ficción, en cuyo caso se pueden y se deben adoptar aquellos resguardos.
  3. Al dictarse la sentencia definitiva, la ficción de inocencia juega a favor del procesado, cargando con el peso de acreditar el hecho punible y responsabilidad, a aquellos que sustentan la acción penal.
  4. La tantas veces invocada ficción, obliga al sentenciador a alcanzar un alto estándar de convicción para condenar, lo que se logrará sólo si aquella descarta absolutamente toda duda razonable, tanto en relación con la existencia del ilícito, como respecto de la culpabilidad.

Conjugando los principios anteriormente enunciados, se puede pretender un armónico equilibrio entre derechos del imputado y expectativas sociales y de la víctima. Su concreción, necesariamente casuística, deberá estar entregada a los respectivos órganos que intervienen en el nuevo juicio penal, particularmente los jurisdiccionales.




Califica este Artículo:
0 / 5 (0 votos)




Un comentario en La Presunción de Inocencia ¿Una ficción legal que acarrea consecuencias jurídicas?

  1. Sergio Dice:

    Necesito comprar los siguientes libros y no los encuentro aca en internet: ( no importa sean usados)

    Los Bienes, Fernando Rozas
    Obligaciones, Rene Abeliuk
    Código Civil Concordado

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *