Los abogados también nos equivocamos…

Estimados Colegas, es una de las primeras veces que escribo para mis pares, en general mis artículos están dirigidos a legos, que quieren -con un lenguaje coloquial- entender más de nuestro mundo… En razón de mi especialidad (Daños: mala praxis médica y legal), en la práctica veo a menudo muchos casos de colegas que se equivocaron ampliamente y que en la mayoría de los casos le ocasionaron un daño al cliente. Sabemos que es una profesión donde uno tiene que estar explicando y dando cuentas todo el tiempo de que somos capaces y honestos. Que hay demoras y errores en la Justicia que no son imputables al profesional.

Entonces, así como en los casos de mala praxis médica se pide el correspondiente informe médico legal anterior a cualquier reclamo, cuando es un colega el reclamado, se estudia a conciencia el expediente y su actuación, para descartar también estar frente a un cliente disconforme. Del mismo modo que si un colega pide su defensa ante un cliente, lo que se ve también, en mayor medida estos últimos años.

¿Cuándo exigir la reparación?

No es reclamable cualquier falta del abogado, sino sólo la que acarreó un daño al cliente, y esto no siempre es así. Hemos visto casos donde es clara la poca formación académica o actualización que tuvo ese profesional, pero no siempre existe nexo de causalidad entre aquello y el resultado negativo del pleito, presupuesto fundamental de la responsabilidad civil.

También es cierto que el cliente muchas veces quiere ver lo que quiere ver, y no se conforma con un diagnóstico como el mencionado: se le explica que perdió el juicio y deberá pagar, que el abogado actuó negligentemente pero que no puede reclamar, y no lo acepta. Ese cliente seguramente irá a otro abogado que probablemente le dirá lo que quiera oír.

Como estudiamos en la universidad, para exigir la reparación, tendrá que haber daño, factor de atribución de responsabilidad a ese profesional (y esto se extiende a cualquier otra profesión), nexo de causalidad entre ambos y antijuridicidad.
Muchos clientes creen que estamos “corporativizados” y por tanto ningún abogado le reclamaría a otro. Creen también que es difícil ganarle a un profesional del derecho, o que resultaran contrademandados. La realidad es que según mi propia experiencia y la de quienes me acompañan en el tema, de los casos que nos llegan un 90% ya han sido rechazados por otros colegas.

¿Por qué está tan mal visto ir contra un abogado?

¿Acaso ustedes están de acuerdo con los abogados que nos desprestigian? ¿Por qué se cree que se debe dejar pasar por alto a quien, por ejemplo, olvidó los tiempos de una apelación? ¿Por qué es colega? ¿No actúa mal quien no se hace cargo del error frente al cliente (siempre hablamos del error inexcusable), ni le pide disculpas, ni cuenta con una cobertura de seguro por Responsabilidad Civil que indemnice al cliente? ¿Por qué creen que los letrados no se aseguran? ¿Suponen que no se equivocarán? Somos seres humanos, eventualmente sin mala fe ni intención de dañar podemos cometer un error inexcusable en el ejercicio de nuestra profesión.

Las estadísticas dicen que el 65% de los médicos está asegurado y cubierto en su responsabilidad civil, mientras que en los casos de abogados, sabemos que a las compañías les cuesta mucho venderles un seguro a excepción en este último tiempo de los grandes estudios.

El resarcimiento

El abogado es un profesional formado para asesorar y defender al cliente (abogar = defender), y en virtud de esto, quienes no dignifiquen la profesión desde este lugar y colaboren para que tantos clientes sigan desconfiando de nosotros sin conocernos, serán pasibles de ser reclamados en su error inexcusable, y por tanto deberán hacerse cargo del mismo. ¿Cómo? Dado que muchas veces no se puede retrotraer al estado anterior de las cosas (por ejemplo, iniciar el juicio nuevamente), esto se logra resarciendo económicamente al cliente por lo que dejó de percibir por su culpa, o ganó de menos, o perdió. ¿En qué monto? El que no se logró (lo que denominamos pérdida de chance) más el daño moral según el caso.

La chance es la posibilidad cierta que existe para ese cliente de haber ganado el juicio, si hubiera contado con el buen actuar de su letrado. Si ciertamente no tenía posibilidad de ganarlo, entonces esa chance nunca existió y el abogado no tendrá que responder por ese rubro, por increíble que parezca y con independencia de lo grosero de su error. Obviamente, deberá responder por su mal asesoramiento que llevó al cliente al inicio de la acción.

Algunos casos en mi haber

  •  Aquel abogado que olvidó firmar la contestación de demanda laboral, tampoco se presentó a subsanar el error en los tres días de intimado y se presentó un año después (ya en rebeldía y con sentencia desfavorable) pidiendo la nulidad de todo lo actuado, lo que obviamente resultó rechazado in limine. Llevado a mediación, pidió disculpas por su actuar y prometió indemnizar al cliente.
  • La expresión de agravios, mal fundamentada y rechazada en Cámara, que dio base a la condena del abogado a pagar el capital perdido por el cliente más daño moral.
  • La abogada que en un despido no se valió de la Ley de contrato de trabajo para liquidar con el mejor sueldo de los últimos doce meses, sino que buscó el mejor de la vida laboral de la actora, y al momento de ofrecer prueba se le pasaron los términos.
  • También el letrado reclamado en mediación por no cobrar lo que debía, y estando equivocado el requirente, se cerró esa posibilidad desistiendo de cualquier acción posterior.

Es lógico también en esta órbita que parte de las consecuencias que deba enfrentar el profesional sea desistir de los honorarios regulados en ese juicio perdido. Se haya terminado o no, se haya ganado o no, el juez eventualmente regulará honorarios para todos los profesionales intervinientes, y aunque parezca insólito, estos abogados sospechados de actuar deficientemente, los querrán cobrar.

Antes de cualquier reclamo, habrá que estudiar concienzudamente la prueba y la actuación del profesional, lo que generalmente está aunado en el expediente judicial, para lo cual, es interesante pedir su reserva, así no sufrirá pérdidas o extravíos.

Los errores más comunes que cometemos

  •  Que entre tantos expedientes se nos pase impulsar la prueba en tiempo y forma.
  •  Que el cliente citado no concurra y se pase el término de presentar el escrito.
  •  Que se demore el inicio de una causa, operándose en consecuencia el plazo de prescripción de la acción.
  •  Que se omita interponer los recursos que correspondan en tiempo y forma.
  •  Demandar incorrectamente a quien no es responsable del hecho.
  •  Olvidar presentar u ofrecer prueba, o hacerlo extemporáneamente.
  •  En el estudio de la causa, la incapacidad de discernir adecuadamente o –llanamente- la ignorancia del derecho.

El 60% de los casos llevados a Mediación previa son resueltos allí mismo, ningún colega quiere sufrir las consecuencias de estar en un juicio y menos propio.

Otros tantos que van a juicio se ganan en un gran porcentaje (70%), dado que no se puede desconocer el error y daño consiguiente que provocó el propio olvido u omisión (negligencia, impericia o imprudencia).

Generalmente los tiempos procesales que nos exige el código hay que recordarlos y cumplirlos, y cuando la tarea es mucha, se puede incurrir en olvido, pero esto no nos exculpa, ya que en esos casos hubiéramos debido tomar menos trabajo o redistribuirlo mejor.

Mientras que para nosotros es una causa más, para el cliente, es su vida, es “Su expediente”. Ese mismo que sirve de prueba en estos casos. No son necesarios testigos, ni oficios ni evidencias demasiado difíciles de producir: el daño queda allí certificado por el juzgado, con firma del profesional, del juez, fecha y hora del cargo, por tanto no hay mucho para discutir, todo ya ha sido plasmado.
Y por ultimo: Es una profesión llena de gratificaciones, agotadora sí, pero desafiante también…sin tiempos para aburrirnos…y en la que un porcentaje alto, el cliente llega al Estudio con ansias de no tener que contratar un abogado o bien sacarse el problema de encima, y confía ciegamente en él.

¡Honremos la profesión! No pido que reconozcamos a viva voz el error, sabemos que socialmente nos quitaría prestigio, pero a puertas cerradas, frente a frente con el cliente, con otro colega, o delante del espejo, veamos la forma de remediarlo.

El tema no es equivocarnos, sino muchas veces no querer reparar el daño ocasionado…




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