Símbolos, atributos e iconología de la Justicia

La Justicia como el ideal por excelencia en el que se asienta la vida social, responde a una función creadora y organizadora cuya meta u objetivo es preservar la paz y armonía de la comunidad dándole a cada uno lo que es suyo. Esta función de importancia fundamental en cualquier organización social, que se precie de civilizada, ha sido objeto de representaciones iconográficas desde la antigüedad, en imágenes y pinturas.

En general, simbolizan tanto el justo equilibrio en el reparto de lo que a cada uno le corresponde, como la fuerza implacable con la que llevará a cabo su tarea de ser necesario; y, en particular, el distintivo que cada cultura o cada autor ha dado a la idea tradicional, que es pasible de ser interpretado por nuestro entendimiento por medio de la iconología (que es la ciencia que estudia la simbología de lo iconográfico). Como extracto o resumen de lo andado en los últimos milenios en cuanto a representación simbólica o iconográfica, tanto la balanza como la espada son los atributos tradicionales e indiscutibles de la Justicia.

El ícono balanza ha sido utilizado desde los tiempos más remotos hasta nuestros días. El Diccionario de Símbolos de Chevallier y Gheerbrant (pág.169/121), nos ilustra al respecto en la siguiente secuencia:

  1. La balanza es el símbolo de la justicia, de la mesura, de la prudencia y del equilibrio, porque su función corresponde precisamente a la ponderación de los actos. Asociada con la espada, la balanza sigue siendo la Justicia, pero doblada por la Verdad.
  2. Entre los chinos, aparece figurada en las logias de sociedades secretas, significa el derecho y la justicia. Una sentencia dice: “En la Ciudad de los Sauces, lo pesamos todo exactamente”. Dicha ciudad corresponde al Invariable Medio. La balanza como símbolo del Juicio no es sino una extensión de la justicia divina. El movimiento de los platillos tendiente a la compensación de los opuestos también se relaciona con los pesos relativos del ying y del yang, principios masculino y femenino, o bien en un diálogo permanente entre la luz y la oscuridad.
  3. En el antiguo Egipto, Osiris pesa el alma de los difuntos. Ello surge del Libro de los Muertos en el cual se utiliza el término psicostasia o ponderación de las almas. Se coloca un vaso en uno de los platillos, que alberga el corazón o conciencia del muerto, sobre el otro platillo hay una pluma de avestruz, cuyo ínfimo peso significa el ideal de la justicia y la verdad de los sentimientos humanos que pasan tan dura prueba. Justo será aquel que no albergue en su corazón o su conciencia odios, resentimientos o rencores cuyo peso supere al de la pluma. La balanza, como instrumento de medición simboliza el juicio, que es ni más ni menos que la comparación de ambos pesos”.

La espada recta, al igual que el fiel de la balanza, simboliza la potencia distributiva, instrumento que parte y reparte, otorga y/o devuelve; balancea entre el debe y el haber, y también amedrenta en el sentido de que servirá para castigar a los culpables y procurar por todos los medios que retorne el equilibrio social en ese interjuego en el que a cada uno debe dársele lo que es suyo, pilar en el que descansa una paz social permanente. Desde lo simbólico comprende tanto el estado militar, la bravura de su clase y el poderío que contiene; como la justicia y el mantenimiento de la paz (Diccionario de Símbolos, op.cit. págs.471/474). Ese mando, que le es propio, puede ser destructor, ya que la espada suele tener doble filo; uno para demoler, el otro para construir. Cuando va acompañada por la balanza siempre simboliza la justicia.

El Hall´s Dictionary of Subjects & Symbols in Art (Revised Edition, 1987) nos ilustra que la Justicia, junto a la Prudencia, la Fortaleza y la Templanza, conforman las Cuatro Virtudes Cardinales. En la República, la ciudad ideal de Platón, es la Justicia la encargada de regular las acciones entre los ciudadanos, tanto las sociales como las individuales, en interacción conjunta y armónica con las otras tres virtudes antes nombradas. Este concepto de unidad se fue desarticulando con los cambios culturales, y si bien en el Renacimiento las otras virtudes seguían siendo consideradas valiosas, la Justicia lideraba con franca preeminencia el conjunto.

Es entonces que comienza a verse comúnmente la figura de la Justicia en los edificios públicos en los que es administrada. Justice, es un grabado de Rafael Sanzio ilustrativo de lo expuesto. Allí encontramos esta representación que sostiene con su mano derecha una balanza mientras con los ojos bien abiertos inspecciona que el fiel se encuentre ubicado como corresponde en el justo medio entre ambos platillos a la par; mientras que su brazo izquierdo reposa en la base del cuello de un avestruz. La utilización de ese animal como símbolo de la justicia, explica el Diccionario de Símbolos de Chevallier y Gheerbrant ( pág. 159), nos retrotrae a los egipcios, para quienes sus plumas eran símbolo de justicia, equidad y verdad, en razón de que serían todas de la misma longitud. También se las utilizaba para confeccionar los mosqueadores de los faraones y los altos dignatarios representando el deber esencial de obrar con justicia.

Estatua “ La Justicia”

Si observamos con una buena perspectiva nuestro Palacio de Justicia, ubicado en Talcahuano 550, advertimos que modulan la fachada niveles de altura e imponentes cornisas que traslucen en su concepción un carácter ecléctico, de influencia griega, romana y egipcia. Dos enormes pilares a ambos lados -llamados palastros- nos remiten a la majestuosidad de Luxor o Karnak.

Se destaca la perfecta simetría de la fachada académica. Sobre la misma, en el centro se halla el Escudo Nacional y a ambos lados el Código de las Leyes y la balanza de la justicia, ejecutados los relieves en símil piedra. La gran escalinata del acceso principal del Palacio de Justicia nos conduce al hall de entrada. Apenas arribamos distinguimos a ambos lados las tablas de la Ley, anticipo de la profusión de símbolos que decoran todo el edificio. El Palacio de Tribunales es una construcción alegórica donde todo emblema nos conduce a un mundo de interpretaciones que es menester precisar desde la óptica del lenguaje universal de los símbolos.

Al frente nos recibe la estatua “La Justicia”, la cual curiosamente no ostenta ninguno de los atributos tradicionalmente relacionados con ella. Es obra del escultor argentino Rogelio Yrurtia y originalmente se titulaba “Equidad”. Una breve reseña nos pondrá en contacto con el autor. Nacido en Buenos Aires el 6 de diciembre de 1879, ingresa en 1898 en la Escuela de la “Sociedad Estímulo de Bellas Artes” y estudia en el taller de Lucio Correa Morales. En 1899 gana una beca y parte hacia Europa con el objeto de perfeccionarse. Reside en Francia e Italia y, en 1903, expone sus obras en el Salón de la Societé Nationale des Artistes Francaises. Luego de su periplo por Europa, obtiene el “Gran Premio de Honor” en la “Exposición Universal” de Saint Louis, Estados Unidos. A su regreso en la Argentina realiza en el año 1905 su primera muestra individual, oportunidad en que presenta por primera vez la maqueta de “Equidad” en el peristilo del Museo Nacional de Bellas Artes. Luego continúa con su carrera y obtiene premios de enorme envergadura en concursos nacionales e internacionales. Pasados los años, en 1936, recibe del Dr. Carlos Delcasse el encargo de realizar en gran tamaño el modelo de “Equidad” presentado en 1905 con el fin de utilizarlo para decorar la bóveda de su familia ubicada en el Cementerio de Vicente López.

Hace entrega de la obra tres años después con una crítica muy favorable. Leemos, por ejemplo, el comentario de la Revista Vértice de fecha julio de 1938: “LA ´JUSTICIA´ de Don Rogelio Yrurtia. El magnífico bronce que ha sido expuesto en el peristilo del Museo Nacional de Bellas Artes, será destinado al panteón del Dr. Delcasse. Esta circunstancia que parecería episódica y accidental, tiene sin embargo un significado muy preciso, vinculado a la historia de esta maravillosa creación del gran maestro.

Hace nada menos que treinta y cinco años que el proyecto fue expuesto por don Rogelio Yrurtia en una de sus primeras muestras individuales (a principios del siglo XX). En aquel tiempo, la obra había sido calculada para su colocación en el Palacio de los Tribunales. Posteriormente, el gobierno local hubiera podido hacer mucho por el prestigio del arte argentino, adquiriéndola y enviándola al Palacio de la Paz, en La Haya. Una obra de los méritos de la mencionada, una escultura ante la cual el vocablo genio no es de ninguna manera una exageración, exigía un emplazamiento acorde con su egregia calidad estética. Pero los poderes públicos tienen otras cosas en que aplicarse. El gran escultor argentino, para poder lograr los medios materiales para la fundición de la figura (1.800 kilogramos de bronce), ha debido aceptar su venta particular y su colocación en un mausoleo de pueblo. El arte nacional, amigo lector, solo puede vivir en los pequeños cementerios. De este modo, la que es, sin duda, la más bella y profunda realización escultórica que jamás haya salido de un taller argentino, quedará sustraída a su verdadero destino. Sin embargo, no lo lamentemos demasiado. Si no hubiera sido por la feliz ocurrencia del Dr. Delcasse, la obra no habría sido fundida y acaso habría corrido peligro de perderse para siempre. Por otra parte, si las instituciones públicas no saben apreciar, ni siquiera adivinar, los valores del bronce inmortal ¿no tiene su autor el derecho de repetir las palabras de Santa Teresa: ´Yo no busco quien me admire, sino quien me comprenda´?”.

Con fecha 19 de julio de 1938 Delcasse envía una misiva a Yrurtia en la que expresa los fundamentos de su elección: “…para coronar mi mausoleo en el cementerio de Vicente López, le pedí su colaboración y de ahí procede la actual obra de arte tan admirada. Al pensar yo en ella, como figura del mausoleo, fue porque la muerte es la única incorruptible e inexorable justicia de la naturaleza”. Ahora bien, ¿quién era Carlos Delcasse? Un renombrado esgrimista francés dueño de la famosa Casa del Ángel, emplazada en el barrio de Belgrano, hoy elegante Paseo de Compras. Se trataba de una construcción de estilo normando, con un mirador en el que se encontraba en bajorrelieve la figura de un ángel. De allí proviene el nombre de la novela “La Casa del Ángel” de Beatriz Guido, llevada al cine con gran éxito por Leopoldo Torre Nilson.

El 4 de marzo de 1950- doce años después de la entrega a Delcasse- falleció Rogelio Yrurtia.

A pesar de que por la ley 4.087, sancionada el 31 de julio de 1902, se aprobó la construcción del Palacio de Justicia, fue habilitado en forma definitiva en 1942. En lugar de una escultura alusiva a la temática del edificio se colocó en un nicho un busto del General Don José de San Martín. “Justicia” o “Equidad” fue entronizada en el Hall del Palacio de Justicia en 1959. Se le adicionó en la toca -para distinguirla de la anterior y para adecuarla al lugar al que se la destinaba- el dibujo de una pequeña balanza. Fue con Lía Correa Morales -segunda esposa del autor e hija de su primer maestro- con quien se llevaron adelante las tratativas respectivas. Hoy por hoy, la estatua original encomendada por Delcasse se encuentra emplazada sobre el panteón del Colegio de Escribanos del Cementerio de Vicente López, más conocido como de Olivos.

De los comentarios de diarios y revistas de principios de siglo leemos: “Con la exhibición de `JUSTICIA´ en el peristilo del Museo Nacional de Bellas Artes, ha trascendido a pública contemplación una de las más bellas y profundas realizaciones plásticas de Rafael Yrurtia. Por sobre el sentimiento de espontánea admiración que por fuerza había de vincularse a su exhibición, preciso es señalar que quedó flotando el de sorpresa. Belleza sorprendente, es la primera atribución de méritos que indiscutiblemente cuadra a esa diosa extraña y subyugante -especie de Themis cristiana- cuyo supremo ademán de protección y de sereno distanciamiento parecen inspirarse en el apotegma inmortal: `No juzguéis y no seréis juzgados´. Porque la `Justicia´ de Rafael Yrurtia no es la deidad armada por la ley, inexorablemente atenta al juego exacto de la balanza. La `Justicia´, que eleva su tensa y majestuosa silueta sobre la escalinata del Museo Nacional de Buenos Aires, es la icónica encarnación de un hondo sentimiento de piedad, de sobrehumana comprensión, de sereno perdón que no humilla. Y ha realizado en esa nueva transfiguración de Themis, acaso la más alta, la más sugestiva y espiritada de sus obras”. A tanta queja generalizada sobre la falta de justicia, esta señora con las manos hacia delante tanteando entre tinieblas, vaciada en bronce para adornar un cementerio… acaso nos simbolice. Conclusiones por su orden.




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